23 dic. 2015

Éxito de una terapia celular en primates con RP

 El trasplante de láminas de retina generadas a partir de células madre embrionarias humanas muestra resultados prometedores en monos.

Investigadores japoneses han trasplantado tejido de retina derivado de células madre embrionarias humanas a dos modelos de primate con retinitis pigmentaria.
Los estudios realizados en modelos murinos con tejido derivado de células madre embrionarias de ratón han mostrado el potencial de esta estrategia para combatir una enfermedad genética caracterizada por la pérdida gradual de los fotorreceptores de la retina. Sin embargo, hasta ahora no se había logrado ese grado de eficacia en modelos de primate reproducibles.
Michiko Mandai, del Centro Riken para la Biología del Desarrollo, en Kobe (Japón), y sus colaboradores han publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) dos nuevos avances. En primer lugar, trasplantaron láminas de retina en el espacio subretiniano en un modelo de rata con retinosis pigmentaria avanzada. Esas láminas maduraron hasta convertirse en capas bien organizadas con segmentos fotorreceptores externos e internos e integradas en las retinas de los animales.
A continuación, desarrollaron dos modelos de retinitis pigmentaria en fase final inducida por lesiones en monos cynomolgus y rhesus, en cuyos ojos injertaron láminas de tejido retiniano obtenido a partir de células madre embrionarias humanas que habían sido sometidas a un proceso de diferenciación durante unos 60 días.
La tomografía de coherencia óptica (OCT) y el análisis inmunohistoquímico mostraron que las láminas sobrevivían, maduraban y, en ciertos casos, desplegaban signos de integración con las células bipolares de las retinas de los monos. De hecho, el espesor del tejido implantado se incrementaba durante 120 días, para posteriormente estabilizarse.
Los autores trabajan con la hipótesis de que los injertos de retina suficientemente diferenciados y bien colocados pueden establecer conexiones sinápticas con las células bipolares en las retinas de los primates. En su opinión, estos modelos animales pueden ser de gran ayuda para optimizar las condiciones de los estudios de trasplante y cirugía de retina en personas con retinitis pigmentaria.

Fuente: pnas.org

15 dic. 2015

Paciente con Síndrome de Usher, recibe un ojo biónico.

Carlos y su intérprete Andrea.

El primer paciente sordo-ciego en recibir un implante de visión artificial en Europa ha sido operado esta mañana con éxito en el Centro de Oftalmología Barraquer de Barcelona. Sólo otro paciente con esta misma discapacidad había sido intervenido anteriormente en EEUU.
Según ha explicado el centro oftalmológico, ésta ha sido la primera vez en Europa y la segunda en el mundo que un paciente con síndrome de Usher, que no puede ver ni oír y que sólo se pueden comunicar con lenguaje de signos porque es sordo-mudo, recibe un implante de visión artificial, al que se ha dado en llamar ojo biónico.
En declaraciones a Efe, antes de entrar a la operación y acompañado de una intérprete, el paciente se ha mostrado tranquilo y confiado en que ésta sería un éxito y ha asegurado que después de la rehabilitación animará a sus compañeros con sordo-ceguera a hacer lo mismo.
"Nunca me quedo en casa, voy al gimnasio y quedo con mis amigos y voy en bicicleta, por lo que ahora seguiré haciéndolo, pero mejor", ha asegurado Carlos Martínez (de 51 años).
El cirujano de la intervención y coordinador del departamento de vítreo retina del Centro Barraquer, el doctor Jeroni Nadal, ha explicado a EL MUNDO que este tipo de pacientes tradicionalmente no se consideraban candidatos para este implante porque el sistema requiere un entrenamiento posterior para aprender a interpretar los estímulos visuales que reciba. En el caso de Carlos va a ser clave la ayuda de Andrea, su intérprete de signos, con quien se comunica a través de las manos.
El doctor Nadal ha opinado que la operación mejorará la calidad de vida del paciente y ha afirmado que conseguirá "una visión normal o muy similar a la que se produce de forma fisiológica cuando la retina envía un estímulo eléctrico al cerebro en respuesta a una imagen". En 15 días, se espera que pueda iniciar la rehabilitación.
Las gafas biónicas tienen una cámara incorporada que procesa las imágenes que recibe en un pequeño ordenador -del tamaño de un móvil- situado en la cintura. Esas imágenes ya procesadas se transmiten de manera inalámbrica hasta una antena ubicada en la patilla de las gafas. Esos impulsos se transmiten hasta 64 electrodos colocados en el ojo que transmiten la información hasta el cerebro a través del nervio óptico.
El paciente verá en blanco y negro, pero el sistema le permitirá (siempre que haya contraste) observar la silueta de objetos estáticos y en movimiento. Este tipo de ojo biónico ya se ha colocado en todo el mundo en unas 100 personas (cuatro de ellas en España desde 2014), aunque Carlos es la segunda persona con sordera añadida a la retinosis pigmentaria que lo prueba (después de otro paciente estadounidense).
El precio de este dispositivo es de más de 120.000 euros, aunque como ha destacado Nadal, en el caso de Carlos, su financiación ha sido posible gracias a la Cátedra de Investigación de la Fundación Barraquer.
Fuente: elmundo.es

10 dic. 2015

José Torres. Casi ciego, sigue apostando al trabajo como cartonero

José Torres (53) se levanta temprano en su casa del barrio Buenos Vecinos de Maipú, desayuna y sale a hacer su recorrido diario buscando cartones en supermercados y otros comercios. Su carro y su bicicleta son sus principales herramientas, las que maneja con idoneidad a pesar de su dificultad.
Es que el hombre padece retinosis pigmentaria, una enfermedad ocular de carácter degenerativo que no tiene cura. Así es que desde hace 10 años comenzó a perder progresivamente su visión hasta quedarse casi ciego. “Solamente veo sombras”, cuenta José con cierta resignación. Pero, a pesar de su condición, él es un ejemplo para amigos y vecinos porque lejos de quedarse en su casa a deprimirse, está decidido a dar pelea y llevar una vida lo más normal posible junto a su querida familia. 
“Hace 10 años trabajaba en la construcción y me di cuenta que se me empezaron a perder las herramientas por lo que fui al médico y él me descubrió la enfermedad”, comenzó a relatar. A pesar del diagnóstico, él siguió trabajando hasta hace cinco años, cuando se dio cuenta de que no podía más y tramitó una pensión por discapacidad. “Mi vista es como un rollo de fotos que se va haciendo descolorida, de día no puedo descifrar cómo es la gente y de noche no veo nada”, explicó. 
Desempleado y en su casa, el maipucino pasaba por una situación difícil. “Yo tengo cuatro hijos y dos todavía estudian, había que mantener la casa, el sueldo de la pensión no alcanzaba y yo estaba todo el día sin hacer nada”, recordó. En ese momento decidió tomar un carro y comenzar a juntar cartones.
“Con que me ayude a comprar la verdura y el pan ya estoy satisfecho, le dije a mi mujer Nélida”, rememoró. A partir de entonces empezó a recorrer ciertos lugares de Maipú donde sabía que se descartaba este material. “Fui de poquito y le empecé a agarrar la mano. Ahora ando por todos lados solo”, aseguró satisfecho. 
Para poder andar en bicicleta, José va calculando con las sombras para no chocarse con nada. “Incluso la gente que me conoce me va guiando”, deslizó.
Cuando llega al lugar indicado, se baja para levantar los cartones y se maneja con un bastón. Una vez que tiene el carro lleno se va hasta la calle Rodríguez Peña a vender el material en una chacarita. Diariamente junta entre 80 y 120 kilos de cartón lo que le ayuda para mantener a su familia. “Hace dos años empecé con esto y me va muy bien porque me siento activo y porque puedo comprar las cosas que nos hacen falta”, señaló.
- Solidaridad entre vecinos
Los primeros en juntarle cartones son los habitantes de su misma manzana en el barrio: Silvana del minimarket y Carlos del almacén. “La verdad es que lo ayudamos porque es una excelente persona, con una voluntad inmensa y muchas ganas de progresar en la vida”, destacó Carlos Díaz, propietario del mercado  ubicado al lado al hogar de José.
Para él, su vecino es todo un ejemplo. “Uno a veces se queja de lo poquito que le pasa y él siempre sigue tirando adelante a pesar de su enfermedad, es una persona encantadora y muy sociable”, aseguró el comerciante.
El recorrido del maipucino continúa por una dietética, cafetería, cotillón, heladería, mueblería, bicicletería además de varios supermercados. “Todos son atentos porque es gente que sabe de mi situación y me ayuda de corazón”, contó el cartonero muy agradecido.
- Riesgo conocido
Por su disminución visual, el hombre no puede reconocer si en las veredas o en las calles hay desniveles, razón por la cual tiempo atrás sufrió un accidente. “Fue a metros de Rodríguez Peña, donde estaban arreglando una pérdida de agua, me caí con carro y todo, pero por suerte no me pasó nada. Es que yo voy por la vereda y si hay un pozo primero me caigo y después me doy cuenta”, expuso desdramatizando la situación.
Hasta su propio doctor le ha desaconsejado la actividad. “Le dijo que no lo tiene que hacer, ni salir a la calle, ni andar en bicicleta”, subrayó su esposa, quien lo apoya de forma incondicional. A pesar de todo, José asegura que conoce el riesgo que corre y que está dispuesto a seguir. “Como le digo a mi familia: ‘Si muero, voy a morir trabajando y no acá adentro’. Pero no es porque no los quiera, sino porque esto me ayuda a vivir; trabajando me siento útil y tengo la sensación de que todavía puedo ver”, cerró.
- Contagiar su actitud
Además de trabajar de forma incansable a pesar de su discapacidad, José Torres siempre intenta animar a las personas que están en su situación.
“Me junto con mucha gente que tiene un problema similar y en vez de salir se quedan en su casa y se deprimen. Los animo a que hagan como yo”, relató el hombre.
Una vez recuerda que fue a hablar con una chica discapacitada que se sentía muy angustiada. “Le dije: ‘Yo no puedo ver, pero sí te puedo dar un consejo, aprovechá que tenés tus ojos para ver a tu mamá y a tus hermanos’”, narró. Agradecido por estas palabras, el padre de la niña decidió regalarle un cartel fluorescente para colocar en la parte trasera de su carro que reza “Soy discapacitado, por favor respete mi espacio”.