30 abr. 2016

Personas con discapacidad visual pueden y deben hacer deporte.

Un grupo de profesores de Educación Física y entrenadores deportivos de las provincias de Pontevedra, Ourense y A Coruña participaron ayer en el centro de recursos educativos (CRE) de la ONCE en una jornada sobre deporte accesible para personas ciegas o con baja visión. La sesión, de cuatro horas, incluyó una parte teórica y otra práctica impartida por Sandra López Calvo, especialista en Educación Física de la ONCE.

Una persona ciega o con baja vosoón puede y debe hacer deporte, es una necesidad imperiosa que lo practiquen, solo hay que ayudarles porque si tienen miedo es porque se sienten inseguros, explicó la experta. En la parte teórica los participantes recibieron explicaciones sobre la adaptación de los materiales a través de la textura o el sonido. Es muy importante cómo se transmite la información, apuntó Sandra López.

En la parte práctica, docentes y monitores experimentaron la sensación de no ver o ver mal con unas gafas de baja visión o visión borrosa: 
«Decían cosas como: No puedo; o Me desoriento;». También se abordaron los materiales específicos como la pelota que se usa en el goalball, un deporte paralímpico para ciegos en el que se usa un balón con cascabel y unas líneas en relieve en la pista, la cuerda de guiar en atletismo o la bicicleta tándem para ciegos. «En el tándem la persona invidente va detrás y quien coordina es el que va delante, que tiene dirigir y anticipar con la voz cuando se empieza a pedalear o cuando hay que torcer porque hay una curva a la derecha», relató Sandra López.

El objetivo de la jornada organizada por el CRE de la ONCE es contribuir a mejorar la inclusión en el deporte de las personas ciegas. Hoy se completará la iniciativa con una sesión dirigida a las familias. Padres e hijos invidentes o con discapacidad visual recibirán formación deportiva. En concreto, se les enseñarán recursos táctiles y cinestésicos (tiene que ver con el equilibrio) para favorecer su integración.

22 abr. 2016

Eliseo Quispe: Los obstáculos que sufren las personas con discapacidad visual

EL DEBER se puso bajo la piel de las personas ciegas. Una de ellas guió con el bastón por delante y se metió en las calles, los mercados y los micros. El IBC registró a 1.100 no videntes en la ciudad


Eliseo Quispe dejó de ver por última vez cuando tenía 10 años. En ese corto tiempo conoció algunos objetos y colores: la pizarra verde, la tiza blanca, los portones rojos, las camionetas amarillas que circulaban por la ciudad de tierra que él descubría con asombro, el Sol redondo clavado en lo alto como una brasa caliente, la Luna meciéndose en un cielo limpio y el color de su piel.
“Era medio amarilla como la Luna”, dice, y se agarra el brazo derecho, a riesgo de caerse, porque ahora está dentro de un micro y está parado. Nadie le cede el asiento.
“Esto es normal. Lo malo de ser ciego no es solo que uno no vea, sino que la ciudad se niega a vernos”, sentencia con una voz iluminada.
Hoy he decidido que Eliseo sea mi lazarillo, que me lleve por la ciudad que él y por lo menos 1.100 personas en la urbe de Santa Cruz (según datos del Instituto Boliviano de la Ceguera) tienen que desenvolverse cada día en un mundo a oscuras, mirando por el oído, por las manos, por un bastón metálico, para no chocarse, para no caerse, para no ser atropellados ni por motorizados ni por peatones. Al final del día sabré que nunca se ve tanto como cuando no se puede ver.
Eliseo se levanta a las 5:30 para llegar sin prisa a su trabajo en la sección de consultas de una compañía telefónica de Santa Cruz. Tiene 25 años de edad y es autónomo para desplazarse por la ciudad.

En la espalda lleva una mochila donde carga una botella de dos litros con agua hervida con hiervas naturales que le prepara su mamá, para que tome en sus momentos de sed.
También carga una chamarra por si llueve, un sombrero y parlantes pequeños que ofrece por el camino. “A mí me conocen por tener buen oído, saben que los aparatos que vendo son de buena calidad”, dice.
Es ese oído fino que tiene lo que le permite moverse con autonomía, es decir, sin la necesidad de una persona vidente que siempre tenga que estar a su lado.
El bastón brinca como un cabrito, tanteando aquí, tanteando allá. Es su instrumento de avanzada que detecta el peligro. Eliseo camina por el centro de la ciudad y no se choca con los horcones que soportan los corredores del casco viejo. Cuando se presenta un obstáculo al frente, explica, el bastón que golpea el piso emite un sonido diferente a que cuando la vía está expedita. A medida que sale del centro neurálgico las imperfecciones de la ciudad revelan que no es una urbe para ciegos.
Eliseo pone mayor esfuerzo para detectar las aceras que no son uniformes, algunas o son más altas que otras o tienen pozos o hay restos de material de construcción o alguna motocicleta parqueada.

Y cuando tiene que cruzar de una cuadra a otra, Eliseo se para, escucha la bulla de los vehículos y cuando siente que el ruido se desplaza a otro lado, agiliza el paso hasta ponerse a buen recaudo.
Eliseo ya lleva dos accidentes en su haber. Fue atropellado y la última vez estuvo internado una semana.
Eliseo está en el micro y está parado. Pero antes tuvo que soportar el desaire de varios choferes que se escaparon de él. Cuando lo vieron que llegaba a la parada, aceleraron la marcha. Y cuando hubo uno que le abrió la puerta, una vez adentro, no encontró la solidaridad de ninguna persona que le ceda el asiento. Los micros, para Eliseo, han sido un problema desde pequeño, pero también, la gran posibilidad, aunque sea incómodo, de moverse en tramos largos.
Desde que tiene uso de razón recuerda que tuvo problemas de visión. Cuando tenía siete años perdió el ojo derecho cuando se golpeó al jugar con un alzabasura. A las 7:45 de 1994, se cayó de un micro de la línea 74. Ese mismo día le operaron del ojo izquierdo, pero fue en vano. La luz y los colores del mundo exterior se apagaron para siempre.
Eliseo pide al chofer del micro que pare. “Ya hemos llegado a la calle Murillo y Caballero, de la zona Los Pozos”, asegura y no se equivoca.
A media cuadra está el restaurante El Majadito, que las personas ciegas le llaman la Sede, porque ahí les atienden con cordialidad y les permiten cargar sus parlantes con los que muchos se ganan la vida cantando.
Silvia Molina Chávez perdió la vista a los dos años, después de que le dio meningitis y ahora tiene 23 y es madre de un niño de nueve años. Está sentada y escuchando música a través de unos audífonos conectados a su celular.
“La ciudad es demasiado complicada. Lo que más me cuesta, para empezar, que las aceras son demasiado feas y los micros”, dice, después de sacarse los auriculares.
Ella vive en El Retoño, en las afueras de la ciudad y todos los días debe llegar hasta Los Pozos para ganarse la vida cantando los temas de Selena.
Antes cantaba dentro de los micros y dejó ese escenario porque le resultaba cansador y peligroso, ya sea porque podía caerse en los barquinazos o ser asaltada.
Magdalena Zeballos trabaja en El Majadito. Hace 10 años su hermano, que es el propietario, empezó a rebajarles el precio de la comida y así fueron llegando cada vez más personas no videntes. “Se llegan a juntar más de 20. Se sienten como en casa, aquí conversan en voz alta, chacotean, ríen”, explica.
Silvia debe ir a trabajar y Eliseo se ofrece en acompañarla. Ducho como es para moverse entre laberintos, camina adelante y la muchacha de 23 años lo toma del hombro y caminan los dos como si estuvieran jugando al trencito. El peligro constante son los toldos de los comerciantes que están en las aceras y que salen hasta la calle.
En una calle de Los Pozos, Silvia se para a cantar. Pero un comerciante le dice que se vaya más allá, que le molesta la bulla. Entonces camina y una mujer que vende artículos de limpieza le anima invitándola a que ahí se quede.
Eliseo continúa camino y llega hasta la calle Charcas. En una esquina está Luci Ruiz, al que los ciegos la llaman el ángel de la guarda. Ella ahí vende pan desde las 8:30 hasta las 21:00 y es la que amenaza a los micreros que se niegan a embarcar a personas no videntes. “Yo ayudo a toditos. Hay micreros que no quieren parar, son malos, disparan”, reniega.
Eliseo ahora viaja hasta la calle 6 de la avenida Busch. Ahí está Rinat Chavarría. “Aunque usted no lo crea, soy el director departamental del Instituto Boliviano de la Ceguera”, dice este hombre que perdió la vista a causa de un desprendimiento de retina.
Rinat revela que cuando llegaron los oculistas cubanos hace 10 años, se hizo un registro y se detectaron que había más de 30.000 personas en el país ciegas y que en el IBC de Santa Cruz están registradas 1.300 en el departamento y 1.000 en la ciudad.
Él sabe que son pocos los que se mueven sin ayuda de un vidente, porque hay que ser muy diestro, valiente y osado para andar con bastón por la ciudad que no es amigable con los ciegos. A él le llevó meses lanzarse a las calles apoyado en su bastón y lo hizo porque quedó solo , obligado por las circunstancias.
Rinat se fue guiando por la experiencia, la prueba y error, por los consejos de otros. Así fue aprendiendo a vivir y moverse en una ciudad que hace más oscuro el mundo de los que no ven con los ojos.


Fuente. eldeber.com.bo

17 abr. 2016

Enrique Oliú. Narrador invidente de beisbol en las Grandes Ligas

Enrique Oliú
El nicaragüense Enrique Oliú es ciego de nacimiento y se convirtió en el comentarista y narrador oficial en español del equipo de beisbol Rays de Tampa Bay, en las Grandes Ligas.
 Al punto de las siete de la noche la transmisión empieza. Enrique Oliú, quien es ciego de nacimiento, está sentado en el centro de la cabina. A su lado izquierdo está Ricardo “Ricky” Taveras, su compañero de narración y al derecho Debbie Perry, su esposa. El diamante verde se aprecia desde la ventanilla. - “Eeeeesto es beisbol de Grandes Ligas. Narración de Ricky Taveras, comentarios de Enrique Oliú. Buenas noches Enrique”, dice Taveras. “Buenas noches Ricky”, contesta Oliú, de 55 años. Ya están al aire. Hay un batazo elevado. “El jugador tocó la pared y atrapó la bola”, detalla Enrique. Durante todo el juego Oliú permanece inquieto, meciéndose en su silla, atento para oír lo que no puede observar.
Con solo escuchar el sonido y la fuerza con que la pelota golpea el bate, Enrique Oliú dice que puede saber si un batazo es hit, jonrón o foul. También las ovaciones o expresiones de disgusto de los fanáticos pueden decirle qué tipo de bola fue y a qué área se dirige. Su esposa, Debbie, está todo el tiempo a su lado, susurrándole los nombres de los jugadores y algunas de las estadísticas. “Mi esposa me sirve de ojos, me dice por ejemplo que la bola va por el campo corto, pero el resto soy yo. El sonido del bate, los fanáticos, tenemos una antena parabólica también en el terreno que nos manda sonido para la cabina”, explica Oliú, quien ha escuchado la radio desde que era un niño. Y desde entonces se había convertido en su sueño.
¡Pero es ciego!
Cuando Ricardo Taveras se enteró de que trabajaría con Enrique Oliú creyó que con un no vidente como compañero tendría que trabajar el doble. “Pensé que iba a tener que narrar y comentar a la vez”, confiesa “Ricky”. Y no fue el único escéptico.Desde que estaba en la universidad Oliú tuvo que lidiar con todo tipo de comentarios: “Es imposible que sigás tu sueño”, “¿Cómo vas a hacer eso?”, “Las barreras son muy difíciles”, “Nadie te va a aceptar”, le decían. A veces las personas se acercan y agitan sus manos frente a su rostro para asegurarse de que realmente no está viendo nada, pues les parece increíble lo que hace.“Hay cosas que uno solo siente. El instinto me dice mucho”, asegura Oliú. Todos los días antes de cada partido su esposa Debbie le lee los periódicos de deportes, las estadísticas de los equipos. Él estudia a cada uno de los jugadores, si son diestros, zurdos, si han roto alguna marca, y así puede tener una idea de qué pueden hacer al momento de jugar.“Él habla conmigo sobre correr por las bases. ¿Cómo puede saber usted de instintos sin haber visto nunca un corredor de base? No tengo ni idea”, dijo a la cadena de televisión CBS Joe Maddon, exmánager de los Rays de Tampa Bay.
"Aunque a Oliú siempre le apasionó la locución, alguna vez quiso ser luchador y genio de las computadoras. Durante la secundaria, en la escuela para sordos y ciegos en San Agustín, Florida, le gustaba practicar deportes. Jugó beisbol, futbol y también lucha, sin embargo, sabía que por ser no vidente la lucha profesional no sería una buena opción. También quiso ser un “genio de la computación”, pero su familia le dio un importante consejo. “Me dijeron que yo no estaba para eso, porque a mí no me gustaba estar en un cuarto encerrado. A mí me gustaba hablar con la gente. Me dijeron que si yo quería, ellos me iban a apoyar para forjar mi carrera de locutor”, cuenta Oliú vía telefónica, desde Tampa, Estados Unidos, donde actualmente reside".
Cuando llegó a la universidad del sur de Florida empezó a trabajar en su carrera como locutor. Escribía para la sección de deportes del periódico y se dio cuenta de que podía seguir los juegos y narrarlos. “Quiero ser algo”, se dijo. Sus inicios fueron como anunciador en los estadios de beisbol en la universidad. Y durante unas vacaciones en Nicaragua se contactó con algunos locutores de radio que empezaron a llevarlo a los juegos y lo dejaban narrar y comentar.
“¿Cómo puede alguien difundir un juego y que ni siquiera puede ver lo que está pasando? Él escucha muy bien y estudia los jugadores y las estadísticas. Nadie más lo que hace lo que hace él en su trabajo en la radio y ni siquiera puede ver los juegos. No puede ver nada”, Frankie Sasak, amigo de Enrique Oliú
Cuando regresó a Estados Unidos empezó a tocar puertas y un amigo, el músico y director de radio Puli Sequeira, le dio a Oliú, quien aún era estudiante, la oportunidad de narrar todos los deportes que podía y también de tener su propio Talk show, entrevistaba gente e iba a cubrir eventos deportivos. Poco a poco empezó a narrar para la Liga Profesional de Beisbol. El programa Ripley ¡aunque usted no lo crea!, llegó a San Agustín, Florida, donde Oliú estudiaba, y alguien había enviado a los productores una columna en la que hablaba sobre su historia, la del no vidente que comentaba juegos de beisbol y se hizo más conocido en el gremio deportivo. Lo llevaron para narrar tres innings para los Jacksonville Expos, en ligas menores. Los equipos de Grandes Ligas empezaron a llegar y por casualidad Enrique se encontró con un amigo de la universidad que jugaba primera base en las Mayores, Orestes Destrade. “Yo le dije que estaba interesado en hacer transmisiones en español y habló con el dueño de los Rays y ahí empecé con ellos”, explica Oliú, quien ya tiene 18 años con el equipo“. Al principio lo ven como una cosa rara, pero a medida que uno empieza a hacer las preguntas adecuadas y comportarse de la forma correcta a uno lo aceptan, lo tratan muy bien”, dice Oliú.Los primeros jugadores a los que entrevistó le decían: “¿Cómo es esto? ¡Qué cosa más rara!”, pero luego empezaron a tratarlo como a cualquier otra persona.
Un día en la vida de Oliú
Enrique y su esposa Debbie
Durante todos los juegos, Enrique Oliú tiene al lado a su esposa, Debbie Perry. “Ella me sirve de ojos”, dice. Se conocieron en una cita a ciegas, literalmente. Un amigo organizó una cita para ambos y desde entonces están juntos. “Cuando uno ya llega a esa edad (40 años) ya más o menos sabe lo que anda buscando”, cuenta. A Debbie le gustan los deportes, según dice el narrador, es una mujer disciplinada y estricta, pues es militar en retiro. Todos los días se despierta a las cinco y media de la mañana. Se baña y cuando sale, “El Sargento”, como él llama a su esposa, le tiene preparado el desayuno y mientras comen, ella le lee los periódicos deportivos.
Aunque ella lo ayuda, lo trae y lo lleva a diferentes lugares, Enrique asegura que él, como José Feliciano o Stevie Wonder, ha aprendido a ser independiente. Usa Facebook, correo electrónico, messenger. Además de ser comentarista, Oliú trabaja como asesor público de la oficina de abogados de Tampa. “Me relaciono con los testigos, reviso cintas, me aseguro de que lleguen a las citas y también soy traductor”, cuenta.
Aunque su vida parece bastante normal, para muchos no lo es. Su historia ha sido transmitida en diferentes cadenas televisivas como CBS, ESPN; lo han invitado a programas como Don Francisco y Ripley, también ha aparecido en diferentes periódicos en Nicaragua y Estados Unidos, e incluso fue protagonista de un documental sobre su vida llamado “Henry O!” Frankie Sasak, amigo de Enrique Oliú, lo conoció en un programa de ESPN. “Cuando ESPN hizo un pequeño segmento de él y lo vi fue realmente genial. Luego lo vi en el campo, comencé a hablar con él y aquí estamos años más tarde… siendo muy buenos amigos”, relata Sasak.Según él, Enrique ha sido como un padre, pues nunca tuvo uno; asegura que lo ha hecho una mejor persona y que lo aconseja y le ha enseñado a crecer. “¿Cómo puede alguien difundir un juego y que ni siquiera pueda ver lo que está pasando? Él escucha muy bien y estudia los jugadores y las estadísticas. Nadie más hace lo que hace él en su trabajo en la radio y ni siquiera puede ver los juegos. No puede ver nada”, comenta Sasak, quien reitera el cariño que tiene hacia Oliú. Continuemos con su rutina. Después que sale de su trabajo, llega acasa y sale rumbo al estadio para estar ahí a las siete de la noche junto a Ricky Taveras y Debbie. También es conocido como “El Volcán”, según Taveras por el país en el que nació, Nicaragua, y por su personalidad explosiva también.

Los deportes y su infancia
Cuando Enrique Oliú estaba aprendiendo a caminar sus padres ponían un radio en su andarivel para que escuchara. Ahí lograba oír las transmisiones de todos los deportes y de diferentes radionovelas. Creció escuchando a Sucre Frech narrar los juegos y desde entonces asegura que la locución le marcó la vida. Enrique Oliú es el mayor de tres hermanos y es no vidente de nacimiento. Durante su infancia en Matagalpa a veces sus padres y sus abuelos no sabían cómo tratarlo, pero poco a poco fueron explicándole que, a pesar de su discapacidad, él podía lograr lo que se propusiera. “Mis abuelos me llevaban mi triciclo a la finca y yo andaba en él”, cuenta. Incluso en cierta ocasión uno de sus tíos lo dejó conducir una moto mientras iba con él. “Me llevaban a las piscinas, montaba bicicletas. Me llevaban a la playa y a todos lados. Me protegieron bastante, pero hicieron lo que podían hacer. Me decían que había árboles por ahí, y que tuviera cuidado, pero no me detenían”, dice el locutor. Con sus amigos también solía hacer radionovelas actuadas o partidos de beisbol y él siempre narraba.
Su mamá intentó enviarlo a escuelas para niños videntes, pero no podía aprender nada. Los maestros no tenían paciencia con él y no podían enseñarle las letras en el sistema Braille, por lo que decidió enviarlo a una escuela para no videntes en Costa Rica, que en ese entonces era la única en Centroamérica. Enrique Oliú solo tenía 5 años y fue difícil separarse de su familia. A los 10 años acabó su primaria, y ya que la escuela en Costa Rica solo cubría esa modalidad, lo enviaron a Estados Unidos para estudiar la secundaria.
Según Enrique, sus padres nunca lo detuvieron y gracias a ello logró cumplir sus sueños. Sí, hubo barreras, pero logró derribarlas, como una bola de jonrón bien conectada, que no hay nada que la detenga. Y, precisamente, la personalidad de Oliú puede definirse en una frase que Ricky Taveras, su compañero de cabina, usa cada vez que un jugador conecta un jonrón: “¡Ábranme la puerta porque me voy!”.


Oliú en la historia

- Según el Salón de la Fama de Nueva York en Cooperstown, Enrique Oliú es el segundo narrador no vidente en las Grandes ligas. El primero fue Don Waldon.
- Enrique Oliú es miembro del salón de la fama de la Universidad del Sur de Florida. En Estados Unidos se realizó un documental sobre su vida llamado “Henry O!”. También ha aparecido en reportajes de cadenas televisivas como ESPN y CBS, y en distintos periódicos locales y de cobertura nacional en los Estados Unidos.

Fuente: laprensa.com.ni


16 abr. 2016

Apps para trabajar con alumnos con discapacidad visual

El término app es una abreviatura de la palabra en inglés application. En español es apli. La apli es un programa. Pero con unas características especiales…
La sugerencia de aplis que os ofrecemos en este post para el alumnado con deficiencia visual son:


- My Script Calculator
Es una calculadora para IPAD y Android que nos deja toda la pantalla de la tableta libre para realizar nuestras “cuentas” con el dedo. La aplicación inmediatamente detecta lo que dibujas y lo transforma en operación matemática con un gran tamaño que permite a las personas con baja visión verlo de forma adecuada a sus posibilidades.



- Super Visión para CardBoard
Apli que funciona como lupa virtual con magnificador. Supervisión es un magnificador avanzado para personas con discapacidad visual. Sin Cardboard, Supervisión convierte el smartphone en un magnificador electrónico; mientras que al usarlo con CardBoard se convierte el móvil en unas potentes gafas electrónicas.
Esto permite ayudar a las personas con baja visión a leer textos o a ver objetos lejanos. El zoom del móvil permite alejar o acercar tanto como sea necesario y ofrece una alta definición en la ampliación.



- Translateka.com
Es un conjunto de veinte diccionarios bilingües accesibles en la red que incluyen cinco idiomas: español, inglés, alemán, francés y polaco, lo que ofrece numerosas combinaciones lingüísticas.
El servicio está dedicado a las personas invidentes o de visión reducida que quieran desarrollar sus conocimientos y habilidades lingüísticas.
La página web se ha diseñado de acuerdo con las normas de accesibilidad y es compatible con los lectores de pantallas. Como alternativa al sintetizador de voz, se ha incluido una versión de voz personalizada.
 

- Puzzles en 3D para niños 
Puzzles o rompecabezas en formato tridimensional que hacen uso de los colores, las letras, las formas y el espacio para abarcar más detalles de aprendizaje que los útiles puzzles tradicionales.


- ALBOR
Albor surge de la necesidad de usuarios y profesionales de la enseñanza de encontrar soluciones en la búsqueda y uso de ayudas técnicas del acceso al ordenador de personas con discapacidad en cualquiera de los distintos ámbitos de su vida: educación, rehabilitación y ocio. Contiene multitud de recursos como un asistente de ordenador para personas con baja visión, KNFB Reader la nueva App para personas con discapacidad visual.
 

- Syntha

Es la primera aplicación inteligente totalmente activado por voz diseñado y desarrollado para los ciegos y las personas con discapacidad visual, que sirve como el sistema operativo. 
En una sola interfaz contiene todo lo necesario para comunicarse, orientarse y divertirse. 
Cada función se caracteriza por una intensidad diferente de la vibración para permitir el uso incluso en modo silencioso  

- Hetal Transcriptor
En esta aplicación podemos escribir un texto y con solo apretar un botón aparecerá la transcripción en  Braille, con la opción de impresión para su posterior punto.

AudioNature, Audio Doom II, Audio MC
Aplicaciones basadas en el sonido y desarrolladas para dispositivos móviles y el aprendizaje de algunas materias para alumnos con discapacidad visual.
“La Mosqueta” y “El Cargol”. Dos aplicaciones realizadas por la “Escola Universitària Politècnica de Mataró” y “La Fundació El Maresme” para la Escuela Especial “L’Arboç”, en Macromedia Wav. Estas aplicaciones trabajan el principio de causa-efecto en un entorno de imágenes sencillas, contrastadas y con sonidos sugerentes. Funciona con ratón y monitor táctil. Se puede contactar en la dirección de correo electrónico arboc@fundmaresme.com  

- EN4DIS.
Es una aplicación que permite poner a disposición de las personas con discapacidad toda la información relativa a la accesibilidad y la evaluación de diferentes entornos, que pueden ser desde edificios, hasta espacios abiertos.
Esta aplicación móvil permite tanto generar como visualizar información de accesibilidad de los diferentes entornos.

5 abr. 2016

Facebook lanzó un sistema para "contarle" las fotos a personas ciegas.

Descripción de la imagen

Las personas invidentes, que usan lectores de pantalla para usar celulares o tablets, podrán "ver" las fotos que se comparten en Facebook gracias a una nueva implementación de la red social.
La característica incluida desde el martes en la aplicación de Facebook para iPhone interpreta el contenido de una imagen empleando una forma de inteligencia artificial que reconoce caras y objetos. El programa de lectura de pantalla integrado en iPhone, VoiceOver, debe estar activado para que se lean las descripciones de las fotos. Por el momento, estará funcionando solo en inglés.Inicialmente, las descripciones estarán limitadas a un máximo de 100 palabras para evitar que la computadora proporcione muchos detalles. Por ejemplo, la voz automatizada solo dirá al usuario si en la imagen aparecen tres personas sonriendo en el exterior, sin agregar que el trío tiene también una bebida en la mano. O podría decir que se trata de una fotografía de pizza, sin agregar que tiene salame y aceitunas encima.
Facebook está siendo cauto con la tecnología, llamada "texto automático alternativo", en un intento para evitar cometer errores que puedan ofender a su público. Google conoció de cerca los riesgos el año pasado cuando un sistema de reconocimiento de imágenes incluido en su aplicación Photos describió a una pareja negra como gorilas, obligando a la empresa a presentar una disculpa.
Sin embargo, la red social espera refinar la tecnología con el tiempo para proporcionar descripciones más precisas e incluso responder dudas que el usuario pueda tener sobre la imagen.
Facebook planea además incluir la tecnología en su aplicación para Android y cuando se visite la Web a través de navegadores.
La empresa de Menlo Park, California, está intentando asegurarse que los casi 300 millones de personas ciegas y con discapacidad visual en el mundo sigan interesados en usar su red social cuando el número de fotos publicada en ella aumenta constantemente. Según Facebook, cada día se publican de media más 2.000 millones de fotos en el medio social y en otras de sus aplicaciones, una lista que incluye Messenger, Instagram y WhatsApp.
Hasta hora, las personas que empleaban los lectores de pantalla en Facebook solo podían oír que una persona había compartido una imagen, sin más detalles.
El vocabulario del programa de reconocimiento de fotos de Facebook incluye "coche", "cielo", "desierto", "bebé", "zapatos" y, por supuesto, "selfie".
Fuente: tn.com.ar

3 abr. 2016

Gabriela Chávez. Estudiante sordociega defendió su tesis sobre mensajes inclusivos junto a una intérprete de lengua de señas

 Gabriela Chávez padece disminución visual y defendió su tesis de posgrado con la intervención de una intérprete de lengua de señas, en un hecho que busca visibilizar el camino que falta para incluir en el ámbito educativo a los alumnos con discapacidad.

Se trata de Gabriela Chávez, licenciada en Ciencias de la Comunicación, quien días atrás defendió en la Facultad de Periodismo de La Plata (Argentina) su tesis de maestría en Planificación y Gestión de la Comunicación. Con el título de “Un camino a la transformación en el campo de la comunicación/discapacidad”, Chávez plantea en su trabajo cómo pueden elaborarse mensajes en formatos radiales, audiovisuales y multimediales para que lleguen a personas con discapacidades visuales y auditivas. “La tesis se gestó en el marco de un proyecto denominado Produciendo Nuevos Sentidos, de la Comisión de Discapacidad de la Facultad de Periodismo, para la maestría de Planificación y Gestión de Procesos Comunicacionales (Plangesco) que dicta la Facultad", explicó a Télam la tesista, y aclaró que “busca ser un punto de partida y de encuentro con otras experiencias de producción de mensajes propios que garanticen el derecho a la comunicación a todas las personas”. Chávez contó que padece baja visión y durante toda su educación debió ingeniárselas para aprender copiando parada junto a pizarrón las consignas escritas en este; pidiendo a sus compañeros la carpeta de trabajos; tomando nota de los teóricos dictados por los docentes sustancial y leyendo apuntes y libros “pegada encima de la hoja”. “Abordé la discapacidad dentro del periodismo y eso implicó la participación en jornadas de debate sobre comunicación y accesibilidad en el marco de lo dispuesto por el artículo 66 de la ley de Servicios Audiovisuales que prevé el subtitulado, la lengua de señas, la biodescripción y un lenguaje simplificado, y el artículo 2 de la convención de Derechos de Personas con Discapacidad”, explicó. Para las producción de mensajes gráficos para personas con discapacidad visual, la tesis propone que “en una misma pieza gráfica puedan convivir el lenguaje convencional escrito en tinta y el sistema braille”. Para las personas con disminución visual plantea “la estrategia del macrotipo, entendida esta como una magnificación de los caracteres con una tipografía simple sin detalles complejos que puedan obstaculizar la lectura de la persona con baja visión. En estos, casos se recomienda una tipografía Arial, tamaño 32, con colores contrastantes, por ejemplo letras en blanco con un fondo azul o también letras amarillas en un fondo negro”. “Si se incluyen imágenes en nuestras producciones, estas deben ser descriptas para el sistema braille, de tal modo que la persona con ceguera comprenda el significado de ese contenido”, apunta Chávez en su tesis. Con respecto a los contenidos audiovisuales, Chávez, plantea “emplear en los contenidos audiovisuales la lengua de señas y el subtítulo, para las personas con discapacidad auditiva; en tanto que, las personas con discapacidad visual en estas producciones, requieren de la audiodescripción”. “Cuando se suben audios a la web se recomienda un breve resumen de su contenido para que las personas con discapacidad auditiva comprendan el contenido que allí se encuentra alojado”, afirma.
Chávez analiza cómo hacer para que las radios sean accesibles para las personas con discapacidad y en este sentido “las radios on line” abren muchas posibilidades.
“En un canal de streeming pueden incorporar, en el estudio de radio, una cámara web que trasmita en vivo el programa radial y también puede incorporarse al equipo un intérprete en lengua de señas que realice en vivo la interpretación del programa”, precisó.  
También, agregó, “se puede alojar este programa en Youtobe con la incorporación del subtítulo en la etapa de edición del video que se realice del programa”. En sintonía con este objetivo de democratizar los mensajes que se producen haciéndolos accesibles a los discapacitados, Chávez resolvió defender su tesis con la participación de una intérprete de señas para así "traspasar las barreras comunicacionales al poner en agenda estos caminos con nuevas acciones en el campo de la comunicación/discapacidad y producción de mensajes propios inclusivos”. La tesis fue dirigida por Germán Retola, quien explicó a Télam que “este trabajo crea las condiciones para pensar un mundo mejor y más inclusivo de todos y todas, un mundo donde seamos todos visibles, donde la diferencia no implique un juicio de valor ni jerarquías”. En la Facultad de Periodismo de La Plata estudian unos 72 alumnos con discapacidad, en su mayoría discapacidad visual, según precisó a esta agencia José Luis Núñez, titular de la Comisión de Discapacidad creada en el 2012 en esa casa de estudios. “La Comisión surgió como una más de las políticas inclusivas de la facultad, para acompañar el proceso de aprendizaje de los estudiantes con discapacidad, diseñando los dispositivos curriculares que les posibiliten transitar la carrera con la menor cantidad de obstáculos”, detalló. Remarcó que “trabajamos en la lógica del empoderamiento de los estudiantes con discapacidad, viéndolos como personas autónomas, independientes, capaces de llevar adelante iniciativas que los coloquen como los decisores de su tiempo y espacio”.

Fuente: telam.com.ar